Zona Cero. La reconstrucción emocional de un gran vacío en el downtown de Manhattan

Hace siete años, en esta misma sección, abordábamos el estado de la cuestión de la Zona Cero de Nueva York: “Zona Cero, se perfila un nuevo Manhattan”. Ya han pasado dieciséis años desde aquel 11 de septiembre que ocasionó una gran herida en el tejido de Manhattan y que fue un punto de inflexión en la conciencia mundial. Efectivamente, el nuevo perfil de la ciudad es ya una realidad, y la nueva identidad de la Zona Cero se ha definido en el lugar de la gran huella del desaparecido World Trade Center. El reto de cómo abordar un proyecto de esta magnitud, operando con la memoria y la sensibilidad de una ciudad, no está resultando fácil: la escala emocional del proyecto es elevada. Requería equilibrar la memoria de la tragedia con la necesidad de mirar hacia delante y fomentar un barrio vibrante y dinámico.

Como ya decíamos en el reportaje anterior, Daniel Libeskind redactó el plan director para organizar el conjunto. Respecto de la propuesta inicial, se han perfilado algunos aspectos y se han producido algunos cambios de rumbo.

Se decidió dedicar la mitad de la superficie (del total de los 64.000 m2) a espacio público, definido por el Memorial Park y el museo del Memorial; la edificación de una torre de oficinas con alta tecnología y construcción sostenible; la apertura de un tramo de 61 metros de calle y acera de Greenwich Street (cerrada desde 1960); dos nuevas instalaciones públicas; una nueva e icónica estación de transporte, y un centro de artes escénicas.

El estudio de Libeskind se ha coordinado con la autoridad portuaria de Nueva York y Nueva Jersey, la Corporación de Desarrollo del Bajo Manhattan, la Ciudad de Nueva York y los arquitectos de los edificios individuales. Finalmente, los elementos han quedado definidos de la siguiente manera:

1. Memorial Park (dos fuentes Memorial: Reflecting absence)

Ambas fuentes son obra de los arquitectos Michael Arad y Peter Walker. Son las huellas de las desaparecidas torres gemelas, que han generado dos grandes huecos donde una circulación de agua constante invita a la reflexión y a la memoria de las víctimas del atentado del 11-S. Están situadas exactamente en el lugar que ocupaban las torres, y rodeadas de 500 árboles, símbolo de vida y renacimiento.

Las fuentes, de una profundidad de 9,1 metros, están recubiertas con paneles de bronce donde se han inscrito los nombres de las 3.000 víctimas que murieron en los atentados del 11 de septiembre de 2001 y en el atentado de 1993. Cada uno de ellos puede ser localizado mediante un sistema electrónico y una aplicación para móviles.

Se inauguraron el 11 de septiembre de 2011.

2. Museo Memorial

Obra del estudio Snohetta y Davis Brody Bond, este museo recoge la memoria gráfica y física de los atentados del 11-S. Estaba previsto inaugurarlo junto con las dos fuentes, pero no fue posible, y finalmente se inauguró en mayo de 2014.

3. Torre One World Trade Center (Freedom Tower)

El edificio más alto de Nueva York es el elemento principal del conjunto. Es obra del estudio Skidmore, Owings & Merill, y se inauguró el 3 de noviembre de 2014. Se trata del edificio más alto de Estados Unidos y el sexto más alto del mundo. Tiene 104 plantas y una altura de 541 metros (1.776 pies, que coinciden con la cifra del año de declaración de la independencia de los Estados Unidos). La primera piedra se puso el 4 de julio de 2004, coincidiendo con el día de la independencia del país (todo son referencias patrióticas), y las obras no comenzaron hasta 2006.

Imagen de la Freedom Tower des de la terraza del nuevo Whitney Museum
Imagen de la Freedom Tower des de la terraza del nuevo Whitney Museum

La torre se inicia con una base cuadrada y a medida que aumenta en altura se convierte en un octógono (mediante un giro de 45°), para rematarse de nuevo con una forma cuadrada. El resultado es que las fachadas conforman 8 triángulos isósceles. En cuanto a medidas de seguridad, el edificio se formaliza con una base fortificada de muros de 91 cm de grosor de hormigón reforzado, tres líneas de escaleras de gran anchura, una línea de escaleras exclusivamente para los bomberos, ascensores, sistemas de rociado y filtros químicos y biológicos en los conductos de ventilación. Estos refuerzos han sido criticados por algunos, que han sugerido que la torre refleja más un sentimiento de miedo que de libertad, e incluso la han bautizado como The Fear Tower. Contiene 80 plantas dedicadas a oficinas y una azotea situada a 417 metros de altura que acoge el nuevo mirador de la ciudad. Los ascensores solo tardan 60 segundos en llegar hasta la planta 102.

El nombre se cambió en 2009 por One World Trade Center. Sin embargo, Freedom Tower tiene más éxito entre los new yorkers.

4. Torre Two World Trade Center

Inicialmente, el proyecto fue adjudicado al arquitecto británico Norman Foster, pero posteriormente, en 2015, se readjudicó al joven arquitecto danés Bjarke Ingels, en una operación muy polémica.

5. Torre Three World Trade Center

Se trata de un proyecto del arquitecto Richard Rogers, y tiene una altura de 329 metros, la tercera torre más alta del conjunto.

6. Torre Four World Trade Center

Diseñada por el arquitecto japonés Fumihiko Maki, la cuarta torre del conjunto es un edificio con una presencia “discreta pero digna”, según las palabras de Maki. La torre se inauguró, con un permiso temporal, en noviembre de 2013.

7. Oculus Station

Edificio Oculus
Edificio Oculus

La nueva estación de transporte, proyecto del arquitecto español Santiago Calatrava, es quizás el elemento más polémico del conjunto, debido a los cambios de calendario y de presupuesto. Son muchos los nombres y las definiciones populares con que han bautizado el proyecto del valenciano: algunos medios, como The New York Times, lo definía como «una nueva atracción para selfies«; otros, como «las alas de un ave fénix que renace”; una espina de pescado; una obra inspirada en las estaciones clásicas de Grand Central o Pensilvania; desde el exterior, como el esqueleto de un dinosaurio (incluso, se ha oído el nombre de «calatrasaurio»). La superficie interior es como la de un campo de fútbol, y no cuenta con un solo elemento estructural en medio, un espacio totalmente diáfano que da la sensación de ser un espacio catedralicio. Calatrava construye esta catedral cívica donde concurren el path (tren de Nueva Jersey), once líneas de metro y el ferri de Staten Island.

Desde su interior, a través de una fisura de vidrio en el centro, se divisa la Freedom Tower. Esta fisura estaba pensada para que se abriera cada 11 de septiembre y dejara entrar los rayos del sol justamente a la hora en que cayó la segunda torre. Pero, por temas de presupuesto (ya se había sobrepasado con creces el inicial), no se ha resuelto así. El edificio contrasta mucho con la firmeza y la directriz vertical de los edificios del entorno y, como poco, configura una pieza singular. En el gran vestíbulo monumental (al que se accede por una puerta poco representativa) se han instalado los comercios más exclusivos y configura una gran tienda.

Liberty Park

Recientemente se ha inaugurado un nuevo parque elevado, al estilo del conocidísimo High Line, desde el que se podrá contemplar una nueva perspectiva de la plaza del Memorial del 11-S.

Este pequeño oasis verde se eleva 7 metros sobre el nivel de la calle y se sitúa donde antes se encontraba el antiguo edificio del Deutsche Bank. Cuenta con varias pasarelas, bancos y arbolado. También contiene un gran jardín vertical, llamado Living Wall, compuesto por 826 tipos de vegetación, así como un castaño joven, retoño del que creció en el patio de la casa de Ana Frank en Ámsterdam.

Detalles de l’Oculus Station y vista del proceso de obra del Liberty Park

Controversia conceptual de los inicios: la opción de la reconstrucción

Vista interior de l’Oculus Station de Calatrava después de inaugurarse y antes de abrir a los comercios.

En el tablero de una ciudad, cuando falla una pieza, la inercia inmediata tiende a rellenar el vacío sin pararse a pensar si el residuo es más valioso que el objeto. La sensación, sin embargo, es que nada físico puede suplir lo preexistente: se pensó en un arco de triunfo, en un templo, en un tótem…, y se inició una profunda reflexión desde la arquitectura. Se organizó un movimiento no oficial llamado The Twin Towers Alliance, con la voluntad de reconstruir las torres desaparecidas. Se recogieron más de 7.000 firmas que apoyaban la reconstrucción.

Donald Trump propuso dos edificios gemelos que se llamarían World Trade Center Phoenix: el diseño sería similar al de las torres gemelas, pero más altas, con más medidas de seguridad y aberturas más grandes. Sin embargo, el elemento que más se identificaba con el mayor poder de evocación, y el más sublime y respetuoso memorial a las víctimas, era el vacío. Y este será el elemento más poético del conjunto coordinado por Libeskind: las dos fuentes que ocupan el emplazamiento exacto de las dos torres gemelas. Una solución muy acertada, creo: arquitectura y silencio.

Polémica de la Mezquita de la Zona Cero

Propuesta supuesta mesquita
Imagen de la nueva propuesta que suple la mesquita. Arxiu SOMA

La idea del poderoso empresario inmobiliario Sharif El-Gamal de construir una lujosa mezquita en el 51 de Park Place, se transforma finalmente (por presiones políticas y sociales) en un rascacielos de vidrio que albergará viviendas de ultralujo. En 2010, el promotor anunciaba su intención de construir una mezquita en el centro de Manhattan, a pocos metros del World Trade Center. “La mezquita de la Zona Cero”, así fue bautizada por la prensa. Enseguida causó una gran polémica, puesto que los americanos lo percibieron como una gran ofensa (por el hecho de construir un templo musulmán a pocos metros del foco donde el grupo terrorista Al Qaeda, en nombre de Alá, mató a más de 3.000 personas y dejó más de 6.000 heridos).

Finalmente, Sharif El-Gamal decidió cambiar la hoja de ruta. Ahora, en 2017, Manhattan tendrá un nuevo rascacielos en el número 51 de Park Place. Un rascacielos de vidrio de 203 metros de altura. Tiene previsto que el precio medio por apartamento alcance el millón de euros. El futuro rascacielos tendrá 70 pisos, y ha sido diseñado por el arquitecto Michael Abboud, del estudio de arquitectos neoyorquinos SOMA. El rascacielos reservará varios de sus pisos para oficinas, y en la planta baja y las primeras plantas habrá un centro comercial de lujo.

Lo cierto es que, más allá de controversias, Estados Unidos es un país libre, donde la libertad religiosa es (al menos lo era hasta hace poco) un hecho. Es más, el alcalde de Nueva York se posicionó respecto a la polémica surgida a raíz de la Mezquita de la Zona Cero y dijo que negar a los musulmanes el derecho de construir una mezquita cerca del World Trade Center socavaría los valores de Estados Unidos y dañaría su imagen.

Turismo con encanto y respeto cero

Como ya decíamos hace siete años, la Zona Cero se convirtió, también desde el minuto cero, en una parada obligada para cualquier turista. Es tan turísticamente imprescindible como lo son Times Square, el Empire State Building o la Estatua de la Libertad. Tanto o más célebres como fueron en su momento las torres gemelas, lo han sido sus cenizas y su recuerdo.

La Zona Cero se ha convertido en un centro de peregrinación y leitmotiv de recuerdos variados, como camisetas, tazas, paraguas, imanes… (vergonzosamente morboso, aunque no añadiré ningún comentario, no deberíamos estar orgullosos de este hecho, un negocio con respeto cero).

Así pues, desde el vacío y el silencio de las fuentes, el respeto, el homenaje sereno…, a la feria más poco agraciada y morbosa de los souvenirs y el negocio a costa de la desgracia. Por otra parte, el contraste entre la extravagancia de la arquitectura y el propósito al que sirve, monumentos a egos creativos que celebran el poder de la construcción. En la ciudad donde el aliento nunca descansa, todo sigue su curso.

Conjunto de souvenirs entorno la Zona Cero

Nota del editor

Este artículo fue publicado originalmente en El Informatiu número 352 de mayo de 2017

Sobre el autor

Cristina Arribas

Arquitecta por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, 2001. Urbanista del Departamento de Planeamiento Urbanístico del Ayuntamiento de Badalona. Doctoranda con tesis doctoral en curso sobre imagen turística y paisaje. Más artículos del autor

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