Vacíos urbanos Singularidad y oportunidad

Solares vacíos, intersticios, equipamientos en desuso o espacios abandonados conforman un amplio abanico de espacios “residuales” y fragmentados en la gran ciudad. Y no  solo en las periferias o límites urbanos, sino en plenos centros urbanos, a pocos metros, quizás, de la ruta de monumentos e hitos de la ciudad, dentro de los viejos o nuevos tejidos urbanos, formando ya parte esencial del crecimiento y el metabolismo de la ciudad viva. El hecho de estar vacíos no conlleva necesariamente que sean lugares “carentes de materia”, sino que se caracterizan por la ausencia de función y la exclusión de la estructura urbana.

 

La ciudad no es soledad porque la ciudad aniquila todo lo que puebla la soledad. La ciudad es el vacío.

 

Cabe señalar que, como concepto, el vacío conlleva la existencia de un “lleno”, de un continuo urbano que le rodea o, sobre todo, de una presencia física anterior que ha dejado de estar allí y que, entonces, implica una ausencia, un vacío. Vacíos y llenos son los elementos esenciales de la estructura física urbana que define a la ciudad, y conforma diferentes tejidos en función de la relación que se establece entre ellos.

Hay diversidad de tipologías cuando hablamos de vacíos urbanos. Ya desde el Barroco, la ciudad derriba murallas y se expande en el vacío exterior (el campo). La ciudad industrial se sitúa en los vacíos y espacios más abiertos periféricos, y la ciudad actual crece a gran velocidad y es probable que grandes espacios puedan quedar fuera del planeamiento urbano en curso y desocupados o sin uso.

 

No-lugares, heterotopías y terrain vague

En la esencia del vacío urbano encontramos tres conceptos que concentran y resumen su significado diverso: el concepto de no-lugar definido por Marc Augé, las heterotopías de Michael Foucault y el terrain vague de Ignasi de Solà Morales.

Marc Augé, en su libro Una antropología de la sobremodernidad, define el no-lugar como antagónico del lugar antropológico. “[…] Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional, histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no-lugar.”

Vista de un vacío urbano tangente a las vías del tren, hoy jardines Rosa Luxemburg en París, inaugurados en 2014

La heterotopía es un concepto introducido por Foucault en su texto Desde espaces autres, y lo contrapone al concepto de utopía. Las heterotopías nos generan la ilusión de la realidad física como espacio más ilusorio o nos dan una percepción de un ambiente real del caos, al crearnos un territorio estructurado y funcional. Una heterotopía, pues, es un lugar que despierta cierto interés a la resistencia y la transgresión. Un espacio que altera el orden de la ciudad, espacios de tensión donde lo diferente toma presencia en lo cotidiano.

Ignasi de Solà Morales utiliza el término terrain vague para hacer referencia a espacios marginales, olvidados y extraños de la ciudad. “[…] islas interiores vaciadas de actividad, son olvidos y restos que permanecen fuera de la dinámica urbana.” Así, pues, lugares con ausencia de uso, pero, al mismo tiempo, libres y expectantes. Solà Morales también se plantea cómo debe actuar la arquitectura para no convertirse en un instrumento agresivo de los poderes y las razones abstractas.

Poesía del abandono y urbanismo informal

La “estética de la emergencia” se basa en las ecologías culturales emergentes y nuevas experimentaciones. Sobre los vacíos urbanos se ha teorizado mucho, sobre todo en referencia a la cuestión de la oportunidad productiva y del uso. Pero desde el mundo del arte se han hecho también numerosas interpretaciones acerca de su significado y otro tipo de potencial, resaltando la libertad y oportunidad de expresión espontánea que ofrecen. También desde el mundo de la arquitectura (en ciertas facetas) se ha mostrado este interés, centrándose en procesos participativos vecinales mucho más informales y poco planificados oficialmente. Estas iniciativas ciudadanas de carácter más espontáneo cambian el papel de los vecinos, que pasan de ser meros usuarios a diseñadores y constructores del espacio público. Se configura así un cierto urbanismo informal que desarrolla proyectos de carácter temporal y que ha dado respuesta a necesidades de tipo local, como espacios para plazas públicas, pistas deportivas, bibliotecas, huertos urbanos para el vecindario, etc.

Así, pues, no es raro ver la obra de un artista en uno de estos espacios, lo que les otorga toda un estética de poesía urbana muy especial y exclusiva de esta tipología de vacíos o lugares de abandono, o toda una casuística de actuaciones vecinales, como comentábamos, demostrando que estos vacíos urbanos generan unas cualidades espaciales únicas y un interés muy único dentro de la amalgama rígida de la ciudad.

Ciudades post-it

Los usos temporales son una respuesta que expresa una nueva manera de hacer ciudad en la que la sociedad es la gran protagonista, mediante la participación y la creatividad. No se trata solo de una cuestión física o de urbanismo, el vacío urbano implica cuestiones sociales y económicas, así como posibles oportunidades.

El término post-it city fue empleado por primera vez por Giovanni La Varra en su libro Mutations (2001) para nombrar varias ocupaciones temporales del espacio público que generan una nueva manera de urbanismo, arquitectura y estética. Son casos donde lo subjetivo se apropia de lo urbano, diseñando microurbanismo “líquido” y temporal que, a menudo, se puede incluso solidificar en determinados lugares.

La post-it city es la parte de la ciudad que se hace y se deshace, se monta y se desmonta, espacios que improvisan usos y actividades no planificadas y, a veces, sorprendentes y originales. De la misma manera que un post-it, estos espacios aparecen y desaparecen sin dejar un rastro físico visible, pero a menudo sí ideológico o sociológico.

¿Qué cabe entender por espacio público? De entrada, espacio público podría ser una forma de referirnos a los espacios colectivos de una trama urbana: calle, plaza, vestíbulo, andén, playa, parque…, entornos abiertos y accesibles sin excepción en que todos los presentes miran y se dan a mirar unos a otros, en que se producen todo tipo de agenciamientos, unos microscópicos, otros tumultuosos; a veces armoniosos, a veces polémicos. Ese espacio solo existe como resultado de los transcursos que no dejan de atravesarlo y agitarlo y que, haciéndolo, lo dotan de valor tanto práctico como simbólico. En tanto espacio de todos, no podría ser objeto de posesión, pero sí de apropiación. Apropiarse de una cosa no es poseerla, sino reconocerla como propia, en el sentido de apropiada, es decir apta o adecuada para algo.

 

Vacíos urbanos planificados

Desde la planificación urbana oficial y reglada, son muchos los vacíos urbanos que se han ejecutado con el fin de dotar a una plaza de perspectiva y visuales a un monumento emblemático (por ejemplo, la plaza de la Catedral de Barcelona), o para esponjar y oxigenar tramas urbanas apretadas, sobre todo en partes históricas de la ciudad, como serían la rambla del Raval o la plaza dels Àngels del mismo barrio. La densidad urbana es, a veces, susceptible de ser modificada y vaciada bajo el diseño del urbanista y sin la espontaneidad de que hablábamos unos párrafos atrás.

Son a menudo operaciones traumáticas que suponen el derribo y la movilización de un gran número de personas, no son operaciones fáciles y claras de entrada.

Los Nous Encants, versión planificada de los anteriores y espontáneos Encants Vells en la plaza de les Glòries, Barcelona. Un vacío bajo una pérgola. Abajo, rambla del Raval de Barcelona, espacio de vacío urbano planificado y ejecutado en los años noventa, donde se derribaron 5 islas, 62 edificios y 1.384 viviendas, una operación traumática en principio, pero que ha supuesto una buena oxigenación para el barrio. Comparativa entre la vista aérea actual y la de 1994. Fuente (9), Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña

 

Grandes vacíos urbanos, heridas urbanas y reconstrucción moral

Vista aérea de Barcelona durante la Semana Trágica (1909) y los incendios de edificios religiosos

Algunos vacíos comportan ausencia, esto es, presencia previa, y otros, no. Un caso extremo de ausencia y vacío urbano a gran escala sería el de los resultantes de guerras o desastres naturales, que dejan áreas despejadas y arrasadas. Estos grandes vacíos urbanos originaron en el período de guerra una intensa reflexión sobre la ciudad y la arquitectura, pensando si era adecuada la reconstrucción o la nueva urbanización desde la tabla rasa del desastre. Las infraestructuras a gran escala surgidas a partir de los años sesenta introdujeron nuevos factores heterogéneos y fragmentadores de las tramas urbanas.

El crecimiento discontinuo de la ciudad ha generado lugares marginales, obsoletos o degradados y en desuso diseminados dentro de la ciudad, ya sea en el tejido urbano consolidado o en la periferia. Espacios-negativos (en el sentido de vacío respecto del lleno) que forman una gran red de posibilidades, espacios expectantes y singulares, a menudo con localizaciones privilegiadas.

 

 

 

 

Y sin embargo, he construido en mi mente un modelo de ciudad, de la cual se pueden deducir todas las ciudades posibles […]. Aquel encierra todo lo que responde a la norma. Como las ciudades que existen se alejan en diverso grado de la norma, me basta prever las excepciones a la norma y calcular sus combinaciones más probables.

Pero tal vez hablar de vacío urbano es hablar de un oxímoron. Nada urbano sería vacío si consideramos que lo urbano es un lleno, un lleno de sociedad, condición  indispensable de lo urbano. Lo que es cierto es que en el vacío urbano todo es efímero y nada evoca nuestra memoria, todo es provisional.

Utopía era una ciudad. Con este nombre, Tomás Moro nos presentaba la urbe idílica y perfecta en el siglo XVI, una ciudad imaginaria que buscaba ser una aspiración para vivir en un lugar donde el desorden y las desigualdades no existían. En Utopía se manifestaba el anhelo humano de alcanzar una sociedad perfecta e igualitaria, en un momento histórico donde las ciudades y sociedades occidentales europeas no lo eran, la búsqueda frenética para hacer de la ciudad un espacio ideal ha sido el sueño de muchos a lo largo de la historia del desarrollo del urbanismo y de las ciudades en el mundo.

Una era construye las ciudades. Una hora las destruye.

 

Siglos después, en la década de los años sesenta del siglo XX, Michael Foucault, como ya hemos comentado, introdujo el concepto de la heterotopía.

A diferencia de la utopía, se acerca a una visión más real de lo que significa entender la ciudad, es un manifiesto a las diferencias que vemos en ella, asumiendo una búsqueda y vivencia de los espacios heterogéneos, aquellos donde se desarrolla el otro. Nos abre a la posibilidad de comprender que el significado de ciudad es diverso para los seres humanos que la habitan y, por ello, es necesario asumir una gran complejidad: la ciudad es tan diversa como los humanos que la habitan, cada uno tiene una visión particular de su ciudad.

La ciudad es una estupenda emoción humana. La ciudad es una invención: es más, ¡es la invención del hombre! La ciudad no es algo virtual, sino físico, porque está llena de humanidad. La ciudad es un continuo acontecer.

 

Reconstrucción como vacío-fuente-homenaje a las víctimas del 11S de 2001

 

Además…

Jardines Rosa Luxemburg en París, inaugurados en 2014

Fotografías: Cristina Arribas

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Parque de la Villette, en París, un antiguo vacío urbano antes ocupado por el matadero. Proyecto de Bernard Tschumi, 1987

Fotografías: Cristina Arribas

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Autor de las fotos: Cristina Aribas y Elisenda Pucurull

Nota del editor

Este artículo fue publicado origináriamente en L’Informatiu número 359 de marzo de 2019

Sobre el autor

Cristina Arribas

Arquitecta por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, 2001. Urbanista del Departamento de Planeamiento Urbanístico del Ayuntamiento de Badalona. Doctoranda con tesis doctoral en curso sobre imagen turística y paisaje. Más artículos del autor

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