Retorno a La Ricarda-Casa Gomis

Cuando queremos hacer referencia a lo mejor de la arquitectura catalana, solemos pensar en el legado del Románico catalán, el Gótico y el Modernismo. Pero una visita a la casa La Ricarda Gomis en El Prat de Llobregat ofrece también una experiencia tangible de lo mejor del Racionalismo.

El Racionalismo, con su sencillez funcional, proporcionó una excelente arquitectura para los edificios públicos, como la pequeña joya que Mies van der Rohe creó en Montjuïc. Pero también fue la máxima expresión de confort y bienestar en mansiones construidas en Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, América del Sur… y en Catalunya.

La Ricarda es poco conocida por el público en general, como lo fueron las obras del Modernismo, hasta que los expertos y los turistas extranjeros nos abrieron los ojos. Como el Palau Güell, la Casa Batlló, el Palau Macaya o la Casa Amatller, La Ricarda es también una obra de arte, incluso un palacio. Podría ser un palacio por sus generosas dimensiones, pero también porque cada pequeño detalle y cada rincón es el resultado de la reflexión, el estudio profundo y las inquietudes espirituales. Es un palacio hecho de luz solar, vidrio y bóvedas catalanas desnudas, junto al mar, entre pinos monumentales que se integran en interacción constante con la estructura de la casa, con las dunas y las olas. Y esta joya tan poco conocida se encuentra en el Prat de Llobregat, a sólo quince minutos de Barcelona.

La Ricarda fue diseñada en 1953 por el arquitecto Antonio Bonet Castellana con la estrecha colaboración de los propietarios, Ricardo Gomis e Inés Bertrand-Mata. La casa se construyó prácticamente por correspondencia porque en aquellos años Bonet Castellana vivía y trabajaba en Argentina, donde tenía una clientela sólida que le encargó proyectos de arquitectura creativa e innovadora, impensables en la España de Franco. Sin embargo, durante los quince años que duró la construcción, visitó regularmente la obra para coordinar la tarea con el arquitecto local José Comas, el aparejador, Margalef, y el contratista, Emili Bofill.

Un experimento exitoso

El trabajo conjunto de todo el equipo es la clave para entender el éxito de lo que fue, en muchos sentidos, un experimento. Absolutamente todo, desde los cimientos hasta los armarios empotrados, desde el las paredes de baldosas cerámicas vitrificadas, las vidrieras y hasta las alfombras, fueron diseñadas y creadas especialmente en la tradición de las mejores obras del Modernismo con la aportación de sus grandes artistas y artesanos. Era lógico que durante la dictadura, la Ricarda se convirtiera en un refugio para la intelectualidad artística que quería restaurar la vanguardia catalana de la República. Joan Miró, Antoni Tàpies y Joan Brossa eran invitados habituales en la casa. Y ahora la casa es también una invitada habitual en las listas de los edificios más emblemáticos y únicos del mundo.

Cuando se amplió el aeropuerto del Prat, la proximidad de la tercera pista hizo que la casa quedara inhabitable. Además, sus peculiaridades hacen que sea un edificio muy delicado de mantener. Los propietarios ejecutaron una fase inicial de restauración en 1997.

El deseo es ahora que La Ricarda se convierta en un patrimonio común al alcance de todos; una visita a la casa es una experiencia maravillosa y una lección de belleza y trabajo bien hecho. Espero que estas líneas animen las instituciones y a la sociedad en general a cuidar de este tesoro. Afortunadamente, se puede visitar la casa en grupos organizados.

 

La dirección de contacto es: laricardagb@yahoo.com

Nota del editor

Este artículo fue publicado originalmente en El Informatiu número 338

Sobre el autor

F. Xavier Baladia

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