Paisajes urbanos sobre ruedas Los skateparks, un nuevo espacio dentro de las ciudades

Los skateparks nacieron a finales de los años 50 en las playas de California, como una alternativa de los surfistas en los días sin olas. Las piscinas vacías (en los Estados Unidos se fabricaban con las esquinas redondeadas para ahorrar agua) proporcionaban el efecto radical de las olas. Se dice que el skate tiene su origen en una sequía que sufrió Los Ángeles y que obligó a vaciar las piscinas. De este modo, ya entrados los años 70, los jóvenes de los Estados Unidos se convirtieron en skatesurfistas de cemento, haciendo surf, pero lejos de las playas.

Durante los años 80, skaters y surfistas se diferenciaban, al mismo tiempo que los materiales de los skates evolucionaban. En esta década empezaron a aparecer skateparks en todo el mundo, diseñados como una variación de las piscinas norteamericanas.

El primer cambio importante fue cuando el skate salió de los skateparks y la ciudad en sí misma se convirtió en escenario: el mobiliario urbano, las escaleras, las barandillas, los bordillos… eran los nuevos retos de los patinadores.

Entre los primeros skateparks en España encontramos el de Arenys de Munt (1978), uno de los mejores construidos y según se dice, el primero de España. En 2012 se hicieron obras de recuperación del parque. Su historia se remonta al año 1978, cuando el americano John McDonald, que veraneaba en Arenys de Munt, decidió ceder su terreno en la montaña para construir un skatepark como los que triunfaban en los Estados Unidos. Poco se podían imaginar el eco que todos esos hechos representaron. Esa cultura nacida pocos años antes en California, había cruzado definitivamente el océano y se había instalado en Cataluña, en un pequeño pueblo, ante el asombro de sus habitantes. A pesar de todo, el fenómeno del patín era algo que todavía no entraba en los planes de nadie.

Otros skateparks de aquellos primeros años fueron el de Segur de Calafell, de 1978, El Tramontana, en Santa Ponsa (Mallorca), de 1978, el Sindi, en el Parque Sindical de Madrid, construido por los propios skaters en el año 1980, o el del parque Wurzburg, en Salamanca, un parque con un skatepark, de 1986. La Cantera, en Guecho, del 1986, un skatepark de cemento al lado de la playa, fue precedente de varios skateparks en el País Vasco.

Desafiando el espacio planificado

La apropiación informal del espacio urbano tuvo lugar en las décadas de los 80-90. Barcelona ha sido siempre un referente internacional en el circuito skate mundial a pesar de no tener pistas específicas en ese momento: la época de las plazas duras en los años 80 convirtió a Barcelona en perfecta pista de patinaje, gracias al mobiliario duro y liso. Espacios como la Plaça dels Països Catalans en Sants, o la Plaça dels Àngels (MACBA), son a día de hoy todavía casos de éxito.

Se recogieron las condiciones de la ciudad y todo lo que aportan a la práctica de este deporte: escaleras, barandillas, jardineras, rejas, etc. Se abandonaron todos aquellos elementos que los skateparks tradicionales tenían como los half pipe, bowls, rampas, etc., que eran elementos bastante agresivos respecto al paisaje de la ciudad, y se tomaron los elementos de lo cotidiano, integrados en la ciudad.

 

Los nuevos skateparks que simulan fragmentos urbanos dentro de los espacios urbanos

En el nuevo milenio se creó un nuevo concepto de skatepark: se crea de modo artificial un recinto que presenta fragmentos de ciudades perfectas para la práctica del skate. Una caricatura de este concepto sería el ejemplo del skatepark Santa Lucía, en Vitoria. En él, se han utilizado elementos cotidianos de la ciudad para transformar el paisaje urbano. Pasos de peatón, cloacas y barreras de seguridad que se deforman y adaptan al uso de los skaters.

Imagen del Skatepark Santa Lucía en Vitoria

En la mayoría de las ciudades, y hasta hace no muchos años, los skateparks se construían en la periferia para evitar así posibles conflictos entre los patinadores con otros usuarios del espacio público. La integración de estas instalaciones en la ciudad solía ser inexistente, con una gran distancia de la ciudad consolidada y con una diferencia abismal en la forma respecto a los espacios públicos tradicionales.

Las últimas versiones de estos parques cambian esta dinámica para convertirse en una nueva alternativa contemporánea del espacio público. No son un espacio deportivo, ni una plaza, ni un parque, sino que intentan serlo todo a la vez y sobre todo, buscan encajar con continuidad en los espacios y entornos en los que se emplazan.

Estos nuevos espacios son nuevos puntos de encuentro que reúnen tanto a patinadores como a peatones, favoreciendo las relaciones de proximidad entre ellos y provocando que los conflictos se diluyan. Los usuarios ya no son solamente jóvenes o adultos que repescan su afición, también son niños que empiezan, padres que les acompañan, turistas (cómo no), transeúntes variados… fascinados por las inmensas posibilidades del streetstyle. Todos encuentran su sitio y se establecen relaciones de continuidad con el entorno.

Quizás no estamos hablando de skateparks sino de “paisajes para el skateboarding” amigables con el resto de la ciudadanía. Así pues, aparecen como parte indisociable del lugar, conectándose con los recorridos ya existentes e integrándose con la vegetación o mobiliarios del contexto; son espacios que continúan con el entorno. Se huye de la tipología de skateparks tradicionales, como los de los 80 y 90, que eran ajenos al paisaje urbano, módulos prefabricados que se colocaban en la periferia, plataformas de hormigón que nada tenían que ver con su entorno, obviando la relación con la ciudad.

Un inciso de nuevas tendencias: indoor skateparks sagrados

La tendencia de transformar por completo las iglesias que han quedado obsoletas y sin su uso inicial también ha dado como resultado la implantación de instalaciones deportivas en antiguos templos. De hecho, en muchos de los casos, las propias características morfológicas de estas edificaciones (techos altos, grandes luces y niveles a diferentes alturas), propician la posibilidad de desarrollar en ellas cierto tipo de deportes.

Holanda es uno de los países más representativos en este tipo de actuaciones, convirtiendo alguna de sus iglesias en gimnasios, o mejor todavía, transformando la antigua iglesia de San José en la localidad de Arnhem en un gran skatepark indoor.

Pero no es necesario ir tan lejos para contemplar este tipo de intervenciones. En la localidad asturiana de Llanera nos encontramos con la iglesia de Santa Bárbara, abandonada en los años 60. Lo que comenzó como un improvisado skatepark creado por un grupo de jóvenes para poder practicar en los días de lluvia, ha acabado convirtiéndose en un hito para los amantes de este deporte, y ha llamado incluso a un artista urbano de talla internacional como es Okuda San Miguel, que no ha perdido la oportunidad de plasmar su sello. El artista cántabro de estilo colorista y geométrico ha trasladado el lenguaje de los vitrales en las paredes y las bóvedas del templo.

La nueva hornada de skateparks

Vista aérea del Skatepark de Santa Lucía (Vitoria)

Como últimas representaciones de proyectos cercanos de skateparks ejecutados encontramos algunos ejemplos como los de la Mar Bella, Roquetes y Les Corts, un triplete construido coincidiendo con el festival X-Games de Barcelona. Todos ellos se desarrollan integrándose en el espacio público. Otros ejemplos en esta nueva línea serían el de Santa Coloma de Gramenet, Badalona, etc. Skate Ágora, en Badalona, consta de 4.683 m2, de los cuales 1.250 m2 están destinados íntegramente al skatepark. Se sitúa en el barrio de Canyadó, en un lugar privilegiado, junto a la playa. En cuanto a las barandillas del skatepark, todas han sido construidas en el Warehouse de California Skateparks, con los mejores acabados posibles. Además, se han pintado con una pintura especial Powercoating para poder soportar las condiciones climáticas de la costa.

Skatepark de la Mar Bella y Àgora en Badalona

El skatepark de la Mar Bella, en Poble­nou, era un espacio preolímpico en el que ya había instalaciones más rudimentarias para patinar. El nuevo proyecto se ha adaptado al terreno y ha respetado los viejos caminos del Poblenou que llegaban al mar. En él, se crea una tipografía artificial, como un juego de olas y de dunas, que aprovecha el desnivel en bajada para potenciar el patinaje en dirección al mar. Se han plantado pinos y vegetación propia del clima para potenciar la zona como espacio de encuentro.

Así, los nuevos skateparks se han ubicado en barrios muy diferentes y se han diseñado de modo que no queden como un conjunto aislado, sino integrados en su entorno. No son solamente una zona deportiva, sino puntos de encuentro que reúnen tanto a patinadores como a peatones, que favorecen su relación y por lo tanto, rebajan el conflicto entre ellos.

Los nuevos skateparks se han convertido en una nueva tipología de espacio, un punto de encuentro y de referencia para generaciones y tipologías variadas, que respetan y revitaliza el sitio en el que se implantan, y generan nuevas y enriquecedoras dinámicas sociales y urbanas.

El skateboarding es una actividad individual, en grupo, para jóvenes, adultos, autóctonos, visitantes… Es, a su vez, un modo de mirar la ciudad de manera creativa y de acostumbrarse a mutar con el desarrollo urbano. Nuevas formas de ciudad conllevan nuevas aproximaciones por parte del skater y movimientos radicalmente diferentes.

Nuevas aportaciones y transformaciones están aún por descubrir. La visión del skater nos ha enseñado que las posibilidades son infinitas.

Mucho más que un skatepark

FICHA TÉCNICA

Nombre de la obra: Proyecto y construcción de parque y skatepark
Ubicación: Parque de Can Zam. Santa Coloma de Gramenet
Promotor: Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet
Autor del proyecto: Straddle3
Colaboradores del proceso participativo, proyecto y obra: Erkuden Fernández (coordinació), Carla Boserman (relatogramas), Xavi Zampra, Óscar Osuna, Alberto Duran, Guille Gomez, Victor García, Uri Albareda, Alex Swift, Marc Hidalgo, Alex Navarro, André Ehrstein y Txiqui
Director de obra: David Juàrez Latimer-Knowles
Director de ejecución de obra: Pau Monasterio Valls
Coordinador de seguridad y salud: Pau Monasterio Valls
Constructor: Serxar SAU
Jefe de obra: Lluís Arumi Ricart
Fecha de finalización de la obra: octubre 2015

El proyecto (de Straddle3 + Sergi Arenas + Lur Paisajistak) nace de la demanda juvenil de un espacio adaptado a los deportes urbanos. Casi una década atrás, en 2007, los jóvenes de Santa Coloma de Gramenet reclamaron al ayuntamiento un espacio para patinar. El resultado fue un pequeño skatepark convencional ejecutado sobre el cubrimiento de la autovía B-20, que quedó en el extremo de la zona conocida como parque Europa, vecina de la zona deportiva de Can Zam. Este pequeño parque se resolvió con elementos prefabricados disponibles en el mercado y forma parte de una familia de instalaciones que se repiten, casi sin variaciones, en diversos municipios del territorio nacional. Poco tiempo después, se demostró que este parque era insuficiente para las aspiraciones de los practicantes locales de deportes urbanos, que empezaron a demandar zonas mayores y mejores para sus prácticas, poniendo énfasis en que ellos debían tomar parte en el diseño de principio a fin.

El solar, de forma triangular y con sobrado tamaño para acoger el programa, se encontraba de forma residual entre diferentes instalaciones deportivas de la gran área pública de Can Zam, que es desde hace años el pulmón verde de la zona y una de las formas en que el municipio se relaciona con la ribera del Besòs. El solar se encontraba fundamentalmente baldío, con excepción de una zona poblada por olmos en su parte sur y algunos brotes de vegetación espontánea.

El Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet, con el apoyo del Área Metropolitana de Barcelona, contactó con Straddle3 para dar respuesta a las reivindicaciones de los jóvenes. Y Straddle3 decidió iniciar un proceso participativo consistente en sesiones de trabajo bisemanales en un equipamiento público e incorporó al patinador Sergi Arenas y al equipo de Lur Paisajistak en el equipo.

Dinámica de trabajo

En estas sesiones se establece un único marco de prioridades, que desemboca en un plan de usos para el parque que debe resolverse en distintas fases debido a las limitaciones presupuestarias.

En reuniones con las administraciones implicadas se desarrolla una metodología que va más allá de los supuestos originales del proyecto o del propio concepto de participación ciudadana. Se acuerda prolongar la participación en el desarrollo del plan de usos y del diseño para llevarla a la propia construcción del parque. Se establece así una dinámica mixta entre trabajos infraestructurales y de urbanización básica a realizar por una empresa contratista y otro paquete de trabajos a desarrollar por el equipo director y los futuros usuarios en formato de talleres de autoconstrucción.

 

Diversas fases de la construcción del nuevo espacio esportivo y de ocio

Finalmente se realizan dos entregas, un anteproyecto para toda el área y un proyecto ejecutivo para la primera fase. El proyecto resultante del proceso participativo incluye una zona de paseo, un skatepark, un gimnasio al aire libre y un bikepark, además de una zona acondicionada para el aparcamiento de vehículos. La primera fase incluye el nuevo acceso para los peatones a la zona, un ámbito de paseo y un skatepark polivalente apto para su uso por practicantes de diferentes deportes urbanos.

El espacio ya casi finalizado

Se hace hincapié en la recuperación del arbolado preexistente, fundamentalmente olmos, que se protegen y se complementan con la plantación de chopos en las zonas más húmedas y previamente despobladas de vegetación.

Se organiza el trazado del espacio mediante unas islas que constan de una corona de césped, cuyo ancho corresponde con el barrido de los difusores de riego. Estas islas se repiten en casi toda el área de intervención, aunque su configuración es diversa en función del programa.

La zona patinable se desarrolla entre la parte central de las islas y el borde sur, poblado por los olmos, de modo que queda parcialmente en sombra. Uno de los principales condicionantes del proyecto es la autoconstrucción con uso de materiales reciclados, que pueden observarse, de un lado, en la zona patinable donde se hace uso de carpintería metálica y prefabricados de hormigón de segunda mano para construir obstáculos, y por otro, en la zona del paseo, donde los bancos se desarrollan a partir de antiguos contrapesos de hormigón, las islas se decoran con bambú laminado recuperado de instalaciones efímeras y la pérgola-farola se construye a partir de báculos de semáforo desahuciados.

Perspectiva del nuevo Skatepark de Santa Coloma de Gramenet ya en fase de utilización

Autor de las fotos: Pau Monasterio i altres

Nota del editor

Este artículo fue publicado originalmente en El Informatiu número 351 de marzo de 2017

Sobre el autor

Cristina Arribas

Arquitecta por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, 2001. Urbanista del Departamento de Planeamiento Urbanístico del Ayuntamiento de Badalona. Doctorada con tesis doctoral en curso sobre imagen turística y paisaje. Más artículos del autor

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