Nuevas tecnologías para la construcción Metro, nivel, plomada y... ¿ahora también un dron?

Imagen de un dron

Las tecnologías proliferan a un ritmo frenético, y los profesionales de los diferentes sectores nos encontramos, en muchas ocasiones, con la necesitad de decidir entre adoptar o descartar (temporalmente) una nueva herramienta o metodología. Este artículo quiere hacer un repaso de la situación de una de las tecnologías que más ha dado que hablar en los últimos años, como si fuera la punta de lanza de muchas más que han de venir de su mano: los drones.

Los drones o UAV (vehículo aéreo no tripulado) son unos aparatos que aparecieron ya en el siglo XIX para hacer pruebas de aviación sin riesgo para los pilotos. Más adelante, estuvieron impulsados por el sector militar, sobre todo durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Vietnam. Objetos como misiles, torpedos, bombas guiadas o aeronaves de reconocimiento son las raíces de los actuales vehículos profesionales y recreativos. Si marcamos los años noventa como el inicio de la historia reciente de los drones, su evolución ha sido exponencial en número de aparatos y características técnicas o capacidades.

Cuando se estudia detalladamente la historia de los UAV, se pueden identificar perfectamente las metas que se han ido superando y las repercusiones que han ido teniendo sobre la evolución de los aparatos. La disponibilidad del sistema GPS, los nuevos sistemas de control de vuelo (DFCS), la producción industrializada o a gran escala, el elevamiento y el aterrizaje vertical son todos pasos que ya se alcanzaron durante el siglo pasado.

Ya en el siglo XXI, los radares de apertura sintética (SAR), los motores turbo, la capacidad de ocultación, la incorporación de sensores de investigación, la incorporación de accesorios (también armas), la superación de los límites de altura de trabajo o la autonomía son las metas que el sector de los drones ya ha consolidado.

Mirando al futuro inmediato, el sector ya desarrolla y testea la automatización de procesos (para evitar errores de la tripulación), los 6.000 m de altura operativa, las 24 horas de autonomía de vuelo, la capacidad de carga de 150 kg, los materiales de nueva generación, los comportamientos biomiméticos, la mejora de la fiabilidad y la implantación en nuevos roles en el sector del transporte, la agricultura, los servicios de emergencia o la construcción. Hay información extensa y muy interesante publicada por el Ministerio de Fomento respecto al desarrollo del sector entre 2018 y 2021.

¿Cómo se regula su uso?

Un dirigible del ejército nord-americano sobrevuela Manhattan.
Un dirigible del ejército norteamericano sobrevuela Manhattan.

La normativa siempre ha ido un poco por detrás de los avances, y en muchas ocasiones con legislaciones locales y con ámbitos de aplicación limitados o parciales. La norma europea, en gran parte inspirada en la legislación francesa, es la que se ha transcrito nacionalmente en cada territorio. En nuestro país, la legislación más reciente ha tenido tres documentos que se han ido encadenando: el 06/04/2014, la Circular AESA, El uso de los drones en España. El 15/10/2014, el Real Decreto-ley 8/2014 de aprobación de medidas urgentes para el crecimiento, la competitividad y la eficiencia. Por último, la normativa actual de referencia es el Real Decreto 1036/2017, de 15 de diciembre, por el que se regula la utilización civil de las aeronaves pilotadas por control remoto.

 

 

Analizando la historia de las normas, es apreciable, por un lado, la voluntad de regular de forma cada vez más específica para cada necesitad y, por otro, la de ir facilitando y reduciendo las restricciones a esta tecnología, primando la seguridad. Sin embargo, tal y como se podrá extraer de los detalles posteriores, el uso profesional de esta tecnología aún deberá limitarse a zonas geográficas, condiciones de seguridad y necesidades de uso muy específicas.

La casuística de los vuelos con drones es muy variada debido al tipo de piloto, el espacio donde se realizará, el uso que se hará de él, el tipo de aeronave, etc. Por ello, el análisis se delimita al que nos parece el perfil más ajustado a las necesidades de los técnicos de edificación: uso profesional, en exterior y aeronave de menos de 10 kg. El resumen de las características que debe tener un vuelo son las siguientes:
1- El radio máximo del vuelo desde la posición del piloto:

A. En una situación de piloto más observador con formación teórica de piloto sería de 500 m + 500 m. La normativa no especifica, pero se puede interpretar que se podrían encadenar observadores de forma ilimitada.

B. En una situación de vuelo más allá del alcance de la visión del piloto, el radio no está limitado, pero como mínimo 5 días antes del vuelo se debe pedir la autorización correspondiente a AESA (Agencia Estatal de Seguridad Aérea), en función del peso del aparato (menos de 2 kg tipo NOTAM, más de 2 kg tipo espacio aéreo segregado). También se debe contar con un estudio aeronáutico de seguridad.

2- La ubicación del vuelo se limita según diferentes aspectos:

A. Donde hay proximidad o distancia reducida de seguridad a aeropuertos o aeródromos, se debe realizar una coordinación con los gestores o responsables de la infraestructura.

B. Cerca de las zonas RVF (zonas restringidas al vuelo) se tramitará de forma obligatoria una consulta al Estado Mayor del Aire, División de Operaciones, Sección de Espacio Aéreo.

C. Para volar sobre aglomeraciones de edificios (ciudades) o de personas se deben cumplir una serie de exigencias, como: que la distancia máxima horizontal piloto-dron sea de 100 m y la vertical de 120 m; que la distancia vertical a cualquier elemento en un radio de 600 m sea de 120 m; que la superficie de trabajo debe estar acotada (acordonada) o, si no, respetar una distancia horizontal de seguridad de 50 m respecto de cualquier edificio o persona. Además de la autorización habitual de AESA, se comunicará la operación al Ministerio del Interior 10 días antes de la operación, y se dispondrá de un sistema de terminación segura del vuelo y de limitación de energía de impacto (paracaídas).

D. En zonas de espacio aéreo controlado (y CTR), el piloto debe contar con acreditación de radiofonista, y del idioma o idiomas utilizados entre el controlador y la aeronave.

Es muy recomendable consultar una de estas dos páginas web de referencia, que facilitan el análisis geográfico de los vuelos: https://drones.enaire.es/ o www.icarusrpa.info/ .

3- El piloto o empresa que quiere ofrecer o realizar servicios profesionales con drones debe cumplir los siguientes requisitos:

A. Ser mayor de 18 años y obtener la licencia de piloto para acreditar la formación teórica y práctica. Esta formación se ofrece en varios centros con modalidades diversas. El coste aproximado de este tipo de curso es de 1.000 €.

B. Superar el certificado médico de clase LAPL.

C. Estar dado de alta como operador en AESA. En la actualidad hay más de 5.000 operadores, muchos de ellos en empresas de pequeño tamaño (2-3 trabajadores).

Imagen de un dron con su cámara.
La utilización de los drones está sujeta a una estricta normativa de seguridad.

D. Disponer de un seguro de responsabilidad civil adecuado. El coste aproximado del seguro por la aeronave y la cobertura mínima que exige la ley es de 150 €/año.

4- La aeronave siempre debe llevar una placa identificativa ignífuga donde se indique el nombre del fabricante, tipo, modelo, número de serie y nombre del operador y datos de contacto. Igualmente, las emisoras o estaciones de pilotaje deben disponer de marcado similar. También deben tener establecido un programa de mantenimiento. El coste de la aeronave y de los equipamientos necesarios depende mucho de las necesidades del trabajo a realizar, pero se pueden encontrar los primeros equipos profesionales a partir de 1.000 €.

Aplicaciones de los drones a la arquitectura y la construcción

Otros sectores, como la agricultura, tienen más implantado el uso de los drones porque ya han podido comprobar, con experiencias previas, los beneficios que aporta: reconocimiento de plagas, vigilancia, optimización de riego, fertilización o cosecha, acceso a terrenos inaccesibles, etc.

El pasado mes de julio, la empresa internacional Hemav, líder y referente como operadora de servicios aéreos, realizó una sesión en el CAATEEB donde narraba los buenos resultados en el sector de la agricultura y auguraba también una incorporación en la construcción. En una entrevista realizada con motivo de este artículo al experto en legislación de drones Marc Valls Estefanell, socio de la empresa internacional catalana UNBLUR, nos cuenta cómo han potenciado esta tecnología en su empresa con el fin de ayudar a los servicios de emergencias a tomar mejores decisiones apoyando a los puestos de mando avanzado en el terreno. Usan la solución IRIS, que es un asistente inteligente para los puestos de mando avanzado que integra todo tipo de datos, los analiza y proporciona asesoramiento sobre cómo actuar ante la situación concreta.

Las primeras aplicaciones con éxito de los drones en el sector de la edificación son las que han utilizado los puntos más fuertes de la tecnología: la capacidad para posicionarse en el espacio y para captar datos de forma rápida y autónoma.
Actualmente se están utilizando para trabajos de recogida de datos, incorporando cámaras fotográficas o de vídeo, sensores para termografías y distanciómetros. Solo con estas funciones, tareas como las mediciones puntuales o comparativas y la supervisión de trabajos en altura o en zonas difícilmente accesibles se han visto fuertemente apoyadas.

Ya hay empresas (en Cataluña todavía no, que sepamos) que utilizan los drones para efectuar trabajos específicos de mantenimiento en las fachadas, equipando a los drones con “un cordón umbilical” en tierra que los alimenta mientras realizan los trabajos de limpieza o, incluso, el pintado de todo un paramento vertical. El levantamiento del estado actual (mapeo) y del entorno con técnicas láser o de fotogrametría quizás es el trabajo donde más se están usando los drones. La capacidad de los aparatos para recoger información es muy alta, y dado que posteriormente se pueden transformar estos datos en precisas nubes de puntos, la productividad se ve muy incrementada.

El futuro abre un amplio abanico de posibilidades, pero suenan con fuerza (no sé si de realidad o de voluntad): la inspección periódica y automatizada del parque edificatorio; los automatismos en la supervisión y seguimiento de la obra (enlazando la producción, certificación y planificación temporal de los trabajos con una actualización constante); la construcción automatizada de edificio con drones que trabajan al unísono en estructuras complejas prediseñadas (aquí se puede ver una demostración realizada con éxito en el año 2015, https://player.vimeo.com/video/69257453).

En conclusión, no sé si debemos hacer hueco a los drones en nuestra caja de herramientas, pero seguro que serán herramientas imprescindibles en los procesos de proyecto y, sobre todo, de ejecución de obras de edificación. Hoy ya lo son en infraestructuras de obra civil.

Autor de las fotos: Raúl Herras

Nota del editor

Este artículo fue publicado originalmente en L’Informatiu número 357 de septiembre de 2018.

Sobre el autor

Raúl Heras

Raúl Heras es arquitecto técnico, colegiado 10.385. Socio fundador de Sinluz, Ingeniería y Arquitectura y profesor del CAATEEB. Más artículos del autor

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