La desaparición de los edificios modernos Patrimonio cultural (o simplemente patrimonio) ANTROP CULT

Enderroc del Teatre Novedades i de l'antic Hotel Barcelona, al carrer Casp.

Las condiciones para que un artefacto forme parte del patrimonio cultural de un colectivo determinado pasa, en primera instancia, por poder situarlos en ámbitos fáciles de reconocer como las costumbres y las tradiciones. Si además del valor de la antigüedad (incuestionable hoy en día) existe la sospecha que lo artístico lo puede avalar, ya tenemos dos de las condiciones vigentes para poder inscribirlo en un catálogo bajo un nivel determinado de protección más atenta a una clasificación donde poder encajarlo, que quizás al reconocimiento y la vigencia de sus cualidades.

Con estos prejuicios o malentendidos, antigüedad y artisticidad, se habría clasificado una significante parte de lo que se considera patrimonial. También restaría por comentar la sospecha de la existencia de un tercer prejuicio, el de la adhesión incondicional a las imágenes o aspectos más afectivos de determinados objetos, con un fuerte componente de falta de criterio para identificar el valor del artefacto que acabaría por poner en el saco todo lo que se cree que hay que proteger. En última instancia, los aspectos económicos también pueden participar conjuntamente o por separado en este juego donde los motivos para considerar valiosas las obras pueden ser variados.

Patrimonio cultural (o simplemente patrimonio) antrop cult, conjunto de testimonios que forman la herencia cultural de la sociedad, como las tradiciones, las costumbres, el arte, el lenguaje, el entorno, etc.

Pero huyendo de los prejuicios que condicionan las miradas y que podrían sesgar lo que sí hace falta preservar o proteger, otro componente de este conjunto de testimonios que obligatoriamente debe alejarlo de personalismos, es el hecho de pertenecer a la herencia cultural de la sociedad y de aquí es de donde se desprende la importancia y la responsabilidad de las decisiones que se puedan tomar.

“En nuestro caso, el patrimonio arquitectónico sería el legado cuya preservación garantizaría la conciencia histórica que un conjunto social tiene del ámbito espacial en que se enmarca; en el límite la capacidad del hombre para ordenar el espacio construido”, pàg. 158, de Proyecto, lugar y tiempo. Teoría del Proyecto. H. Piñón.

La noción de patrimonio necesariamente tiene que poder compartirse, sino se trataría de superstición o idolatría. Sería necesario que, juntamente con los actos administrativos necesarios para llevar a cabo esta tarea, desde donde se concentra su gestión también se buscarán las garantías para situarse en el dominio del arte con el fin de poder reconocer sin imponer, en última instancia, alcanzar la capacidad para establecer juicios universales.

En un marco, como el actual donde el relativismo impera, nos encontramos fuertes limitaciones (paradójicas) que pienso que concluyen en que lo patrimonial inevitablemente está ligado al pasado de alguna u otra manera. En este sentido los esfuerzos se dirigen a preservar, restaurar, proteger… obras o edificios que pertenecen al pasado para mantenerlas en este mismo pasado.

Edificios Modernos en Cataluña

Ocurre sin embargo, que en toda Cataluña tenemos un conjunto bastante diverso de edificios que se construyeron alrededor de la década de los años sesenta del pasado siglo XX, edificios de cincuenta o sesenta años de vida, que pertenecen al pasado resulta que son de plena vigencia, ordenan las ciudades y tienen capacidad para satisfacer los usos mixtos de tan rabiosa actualidad.

Ahora mismo es una necesidad poder reconocer los valores que otorga la vigencia histórica a día de hoy a estos edificios también del pasado, de un pasado más cercano, heredero de la modernidad de principios de siglo. Son edificios vivos y en ello radica la dificultad para identificarlos bajo una mirada que, para valorarlos, los debería mantener en un pasado que no es suficientemente lejano. Muchos de estos edificios además tienen valores artísticos que sería necesario poder detectarlos situándolos en el dominio del arte y detectando su consistencia. Es decir, sería necesario considerarlos patrimonio cultural.

Ahora bien, pese a que parece que se empieza a hablar de cierta necesidad de reconocer los artefactos concebidos en el marco estético de la modernidad como objetos a considerar, de aquí a que se puedan entender como patrimonio, que no se obsesionen en mantenerlos ancorados en el pasado o que se garantice la ausencia de prejuicios y por lo tanto pues, para que se tenga la capacidad de situarlos en dominio del arte como valor por encima de lo económico o lo efectivo, todavía queda mucho trabajo conjunto.

Mientras tanto, estos edificios no están bien tratados. Ha sido un ejemplo el edificio Hotel Barcelona y Cine Novedades ubicado en la calle Caspe 3, en Barcelona (1955-1961 proyectado por Francesc Mitjans  y Miquel Ponseti) recientemente derribado.

Era un edificio del Eixample de Barcelona con una fachada ligeramente volada implementada por un sistema de vacíos y llenos en el postigo que respondían a las posibilidades de un programa de seis plantas de habitaciones de hotel; unos bajos comerciales acristalados ligeramente atrasados y los accesos y una planta ático que con un forjado como porche recorre horizontalmente toda la anchura de la fachada y la recoge. Finalmente establecía una buena relación con la casa Rocamora interrumpiendo el sistema de vacío y llenos que se paran justo al llegar a la arista de la esquina configurando un sistema de terrazas retiradas que setenían que leer como una gran sombra vertical. Los colores de las barandas y de las carpinterías colaboran en esta realidad virtual.

Por lo tanto, en un edificio la fachada del cual nos permite reconocer desde la abstracción los valores de su concreción al entorno del Eixample, a nadie le ha pasado por la cabeza la posibilidad de mantener la fachada, mientras que en la mayoría de edificios del Eixample sería de obligado cumplimiento, por ejemplo, si quieres mantener la edificabilidad en el peor de los casos…

 

Otro caso es el del edificio Estel en la manzana enmarcada por la Avenida Roma y las calles Calabria, Mallorca y Viladomat proyectado en el 1972-1975 por el arquitecto Francesc Mitjans y ejecutado con la colaboración de los aparejadores Andreu Casaus y Vicenç Galiana. En este caso se trata de un edificio que ocupa toda una manzana del Eixample de Barcelona con un programa semiindustrial como se explica en la memoria del proyecto.

Se manifiesta la habilidad de captar la estructura del programa, oficinas por un lado y equipos por otra, para descubrir las posibilidades de formalizar un edificio que detecta la morfología del lugar (una excepción en el Eixample, se trata de una manzana descabezada) para proponer un cuerpo apoyado en la calle Mallorca que sigue fielmente los galibos, las alineaciones y que abarca toda la parte del programa destinado a equipos telefónicos, y por otro lado proponer delante suyo un cuerpo alto que comprende oficinas y servicios. Dos cuerpos que revelan su tectonicidad con órdenes constructivas adecuadas a su formalidad: el cuerpo de la calle Mallorca revestido de chapa clara y con ventanas horizontales estrechas y corridas (de nuevo la abstracción de la fachada) y el cuerpo alto que refuerza su verticalidad con las pantallas con apariencia de hormigón (que no lo son) y que se reculan incluso habiéndose implementando con láminas verticales.

A dos tercios de la altura dos líneas de sombras recorren horizontalmente la fachada rota para anunciar el final del edificio. Un valor más: su visión lejana, el logro, uno de los pocos edificios pantalla que colaboraba en reconocer la forma urbana de Barcelona.

En este caso y después de meses y meses de obras el edificio sin ser derribado, ha dejado de existir, se ha girado como un calcetín, donde habían forjados no hay y donde no habían pilares sí hay… Estas han sido las exigencias del guión en este caso para incrementar el parque de viviendas en Barcelona.

Un tercer caso es la ampliación del edificio Luminor en la plaza Castella, una de las primeras obras de José Antonio Coderch, 1957-1961 y con Jesús Sanz Luengo como aparejador. Este proyecto fue una ampliación de un edificio proyectado por el arquitecto Josep Maria Soteras Mauri. En este caso no se ha derruido ninguna parte del edificio pero si que se ha optado por restaurar parcialmente su envolvente y la de la ampliación que proyectó Coderch.

La Joyería Monés en la calle Guillem Tell 47 de Barcelona.
La Joyería Monés en la calle Guillem Tell 47 de Barcelona.

El desacierto en la actuación en este edificio pone de manifiesto la carencia de la capacidad de reconocimiento de los valores de los edificios modernos. La posibilidad de poderlos situar en el dominio del arte facilitaría el interés patrimonial, por ejemplo, de este conjunto de la plaza Castella, entendiéndolo desde el orden del espacio construido. La complementariedad entre el edificio original de Soteras Mauri y la ampliación de Coderch tiene todas las garantías de organizar satisfactoriamente la Plaza Castella, hasta que la actuación de rehabilitación de parte de su envolvente original y del de la ampliación de Coderch lo desvincula de donde pertenecía, implementando un nuevo sistema de fachada que hace desaparecer el equilibrio existente.

En este caso, aunque presupongamos la buena voluntad de la acción, han estado decisiones que consideramos poco acertadas las que han alterado el orden y la visualidad y consecuentemente se ha perdido la oportunidad de reconocer la herencia cultural moderna: la actuación monocolor del conjunto de las carpinterías, los gruesos y la alteración de ciertas proporciones, aunque respetando el número de filas y columnas han hecho desaparecer los restos de modernidad del edificio. No hace falta derruir el edificio en este caso para perder el patrimonio cultural.

Los ejemplos serían numerosos y no solamente en las grandes ciudades sino también en las localidades de toda Cataluña donde predominan viviendas unifamiliares o arquitectura vinculada al turismo, como por ejemplo cámpings, hoteles o conjuntos de apartamentos entre muchas otras tipologías de edificios.

Durante las últimas décadas hemos visto como en Barcelona desaparecían edificios para ser sustituidos por otros no de superior calidad, como por ejemplo el Garaje Catedral (1958), proyectado por Anglada, Gelabert y Ribas y con la dirección de ejecución a cargo de Puig Torner y Serra de Dalmases, delante del Colegio de Arquitectos en Barcelona: el edificio Mandri (1959) en la calle Provença 277 de Fargas, Tour y Amat; el edificio de muebles La Fábrica (1961) en la calle Rocafort 142, de Ponseti y Sala. Como se derriban parcialmente conjuntos como el de los Laboratorios Uriach (1961), calle Degà Bahí del arquitecto Manuel Ribar Piera y con Ignasi Raventós como aparejador. De esta manera, bajo la protección de la rehabilitación también desaparecen arquitecturas emblemáticas como los edificios del Depósito de Automóviles SEAT, (1958) en la Plaza Cerdà, César Ortiz y Rafael Echaide, el Centre Quirúrgic Sant Jordi (1957) en Vía Augusta 269 con proyecto del arquitecto Ribas, la Gasolinera Seida en la avenida de Sarrià entre la calle Urgell y la Avenida General Mitre (1958), también de Francesc Mitjans…

Finalización de las obras de remodelación del Canòdrom Meridiana del 2015. Presentada en los Premios Catalunya Construcció 2016
Finalización de las obras de remodelación del Canódromo Meridiana de 2015. Presentada en los Premios Catalunya Construcció 2016

En otros casos, las rehabilitaciones con decisiones más acertadas han quedado a manos de los arquitectos que han intervenido recientemente en edificios, como por ejemplo el Canódromo Meridiana (1962), en la calle Concepción Arenal, de los arquitectos Antonio Bonet y Josep Puig y el aparejador Francesc Aparicio; la Fábrica de Joyería Monés (1962) en la calle Guillem Tell 47, con proyecto de Ballesteros, Cardenal, De la Guardia, Llimona y Ruiz y con Antonio Pàmies como aparejador; o bien el Colegio de Arquitectos de Cataluña (1959-1962) en la Plaza Nova, con proyecto de Xavier Busquets y dirección de J. Marc. Incluso edificios como el Cine Liceo (1959) en la calle de Sants 96, de Antonio de Moragas que hoy en día está bien vivo y acoge usos distintos para los cuales estaba pensado, parece que este esperando la fecha de su defunción. En ningún caso sin embargo, aunque la consciencia de coherencia cultural garantice la red necesaria se pondrá freno a la desaparición indiscriminada de nuestro Patrimonio Moderno.

 

Autor de las fotos: Chopo, Westudio, Carles Ribas y Jaime Font

Nota del editor

Este artículo fue publicado originariamente en L’Informatiu número 354 de diciembre de 2017.

Sobre el autor

Sergi Serra Casals

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