El yeso tradicional

Cuando observamos las construcciones antiguas, en especial en algunas zonas de nuestra geografía, podremos ver que tradicionalmente el yeso se utilizaba en la construcción de elementos estructurales e incluso como revestimiento exterior en paredes expuestas a la acción del agua. Y esto se debe a que el yeso que se utilizaba tradicionalmente tiene unas características muy diferentes a las del yeso actual.

El yeso es un término que se utiliza para designar tanto la piedra como la materia prima para la construcción (también conocida como yeso), como el conglomerante en polvo y el producto endurecido y colocado en obra.

La materia prima es una roca sedimentaria formada por la cristalización de sales disueltas en el agua tanto de lagos como de mares (salmueras). Las condiciones ambientales de formación son áridas o semiáridas, donde la evaporación de la masa de agua es superior a la entrada de aguas en la cuenca.

A medida que se evapora el agua se van precipitando los diferentes minerales: carbonatos, yeso, sal sódica, sal potásica y sal magnésica (Mate et al. 2011).

Esquema de la formación del yeso, modificado por JD Martín & Ll. Gibert (2018) de Rouchy y Blanc-Valleron (2006)

Si las condiciones son favorables, se sedimenta un espesor considerable de yeso, como se puede observar en la cantera de Sant Llorenç de Morunys (Solsonès). El mineral mayoritario es yeso, y se encuentra en una proporción superior al 90%. Pero si hay movimientos de agua importantes (temporales de lluvias y épocas de sequías), se mezclan los diferentes minerales, dando afloramientos como las canteras de CimentsTigre en la comarca de la Segarra. En este caso, el yeso se encuentra mezclado con calizas, arcillas, margas, óxidos de hierro, carbón mineral, incluso granos de cuarzo como es el caso de los afloramientos de Albarracín (Teruel), donde son típicos los «jacintos de Compostela «(granos de cuarzo de forma bipiramidal). La proporción de yeso en estos afloramientos es variable, tanto en extensión horizontal como vertical. Por ello, estos terrenos no se explotan actualmente para hacer yeso industrial, ya que tienen «muchas impurezas».

Tratamiento de la materia prima

Para poder utilizar el yeso industrialmente la materia prima debe tener una elevada pureza (más del 90% de sus componentes debe ser yeso hidratado o anhidro). Este material se tritura previamente y luego se cuece a unos 200ºC durante 3-6 horas, para obtener así el yeso cocido. En este proceso, el yeso hidratado pierde una molécula y media de agua (sulfato de calcio hemihidrato – SO4Ca · 0,5 H2O) o dos moléculas, dejando una fase anhidra (anhidrita III – SO4Ca).

En función del tamaño del polvo y de su pureza, se ensaca con diferentes nomenclaturas (YG, YF, E-30, etc). También se puede mezclar con aditivos para dar lugar a lo que se conocen como tizas de tercera generación (yeso especial de acabado YE / T, yeso de alta dureza Y / D, yeso aligerado Y / A, yeso de construcción de proyección mecánica YPM, etc). Al mezclar este conglomerante con agua se endurece, por ello se considera que el yeso es un conglomerante hidráulico.

Revoque exterior de un edificio en el pequeño pueblo de Peramea (Pallars Sobirà)

La utilización más habitual actualmente del yeso es en forma de pasta (agua y polvo), pero también se puede hacer un mortero en el que el conglomerante sea el yeso, añadiendo áridos, aunque este mortero es muy poco utilizado. El endurecimiento del yeso depende de varios factores: de la cantidad de agua que se añada, del tiempo de amasado, de la velocidad de amasado y de los aditivos utilizados.

Este yeso descrito hasta ahora se coloca en interiores, ya que, en presencia de agua, se vuelven blandos, esponjan y terminan cayendo. Por eso se dice que el yeso no se puede colocar en el exterior. Pero hay zonas donde hay mucha construcción con yeso. Estas zonas geográficas están relacionadas directamente con la geología local, la cual presenta afloramientos de yeso, normalmente con impurezas.

Aunque ahora nos pueda parecer extraño, en un edificio podemos encontrar muros resistentes de mampostería de piedra y yeso o de hormigón de yeso, y también pilares de piedra y yeso. De hecho, cuando actualmente vemos muros de piedra con un mortero que no es de cemento, siempre decimos que es de cal, pero cada vez encontramos más ejemplos de casas donde este mortero es de yeso.

Bovedillas de yeso, tabiques y pilares

Antiguamente los forjados se hacían con vigas de madera y bovedillas. Cuando hablamos de bovedilla a la mayoría nos vienen a la cabeza los hechos con ladrillos a modo de bóveda catalana, pero también se hacían con yeso. Estamos hablando de bovedillas hechos con unas cimbras alargadas de madera que se colocaban entre las vigas y se vertía el yeso que una vez endurecido se desmolda y se obtenía un techo en forma de bóveda entre vigas. Y esta misma técnica a base de cimbras se utilizaba para la construcción de bóvedas de piedra y yeso. Una variante de estos techos era la de los techos moldeados que se hacían colocando unas planchas de madera con decoraciones talladas que una vez se llenaban de yeso y se desmoldaban, dejaban unas decoraciones en relieve muy características. La parte superior de todos estos techos de yeso hacía al mismo tiempo la función de pavimento, que en muchas ocasiones se encontraban sin alicatar, por lo que se trataba de pavimentos de yeso.

El yeso también se ha utilizado por muchos otros elementos constructivos. Es el caso de los tabiques, en ocasiones hechos con un entramado de caña o losas de piedra en el interior, aunque también se encuentran con tiza en masa. Se hacían también paredes de mampostería de piedra y yeso, a menudo con vigas de madera verticales e inclinadas con piedra y yeso entre ellas. Y las fachadas, por la parte que quedaba expuesta al aire libre, iban rebozadas con mortero de yeso. Es destacable también el uso en decoraciones en las puertas, ventanas, techos y otras partes del edificio que posteriormente podían ir pintadas o no.

Hornos de yeso

Salàs de Pallars

Los hornos donde se cocía el yeso tradicional eran similares a los hornos de cal. Las piedras tenían tamaños, y el proceso de cocción duraba, en función del tamaño del horno, como mínimo 24 horas. La temperatura de cocción era muy heterogénea; había piedras que se cocían mucho, otras menos, e incluso quedaban piedras sin cocer. En aquellas que habían sido sometidas a temperaturas altas, por encima de los 800ºC, los minerales carbonatados se descomponían, formando cal viva. Si la temperatura alcanzaba los 600ºC, las arcillas se descompasaban, dejando compuestos reactivos con productos alcalinos. Los yesos, en función de su ubicación en el horno, se podían transformar en hemihidrats, anhidrita III, II o incluso I.

Posteriormente se trituraban todas las piedras, pero según el grado de cocción unas quedaban reducidas a polvo y otras con granos más grandes. Es decir, en el proceso de trituración se formaba un mortero, y por tanto no había que añadir árido. El conglomerante sería tanto el yeso hemihidratado, como la anhidrita III (soluble), como la cal viva.

Al mezclar este mortero con agua, se obtenían tizas hidratados, pero las arcillas descompuestas unían con la cal hidratada dando productos puzzolànics de endurecimiento hidráulico. Además, con el paso del tiempo, la cal hidratada libre iba carbonatos. Todas estas reacciones son las responsables de que estos morteros tengan una resistencia mecánica superior a la que estamos acostumbrados con los yesos industriales, y además sean más resistentes a los agentes ambientales.

Una clasificación genérica de los yesos es la siguiente:

• Yeso tradicional: hecho en un horno artesanal. Dependiendo de la pureza de la materia prima. Si la piedra original tiene yeso, arcillas, calizas, márgenes, óxidos de hierro, cuarzo, carbones, se obtienen morteros de yeso, que se pueden utilizar para levantar paredes o hacer revestimientos exteriores. Si la piedra original tiene una proporción de yeso elevada, obtenemos:

– El yeso negro o yeso común: fruto de moler material cocido con material incuria y cenizas. Da un yeso gris y basto. Se puede utilizar para revestir paramentos interiores y techos, base de revoques más finos, y para hacer las bovedillas, ya que pesa poco (está aligerado por las cenizas).

– El yeso blanco: fruto de moler las piedras más puras y blancas. Se utilizaba para hacer los pavimentos, el acabado enlucido interior, ornamentos, y piezas moldeadas (como los techos).

• Yeso industrial: hecho en horno industrial, cuidando tanto del tamaño de partícula de la materia prima, como de la temperatura de cocción y tiempos de cocción.

Nota del editor

Este artículo fue publicado originalmente en El Informatiu número 360

Sobre el autor

Antònia Navarro – Ezquerra

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