30 aniversario de la reconstrucción del pabellón alemán de 1929 en Barcelona.

La imagen no podría contrastar más: delante la opulencia y grandiosidad material del Palacio Nacional que presidía el recinto ferial de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, la etérea arquitectura del pabellón que representaría a Alemania, diseñador por Mies van der Rohe. Este pabellón se concibió para albergar la recepción oficial presidida por el rey Alfonso XII, junto con las autoridades alemanas.

Como a instalación efímera que era, y aunque después hubo el intento de abrir un restaurante, fue desmontado en el 1930, una vez finalizada la exposición. El acero cromado volvió a Alemania, la estructura metálica se vendió a peso en Barcelona y los fundamentos restaron enterrados en sus emplazamientos originales y cubiertos por un jardín de palmeras.

 

“Solo la intensidad vital puede tener intensidad formal. Todo “como” ha de apoyarse en un “que”. Aquello no formalizado no es peor que el exceso de forma. Lo primero, es la nada, lo segundo, apariencia. La verdadera forma propone una verdadera vida. Pero no una vida pasada ni tampoco una vida imaginada. Este es el criterio. “
Fragmento de “Sobre la forma de la arquitectura”.
Escrito por Mies van der Rohe el 1927, en la revista Die Form 2

De pabellón efímero a monument

Transporte de los vidrios para el lucernario, 1986. Colección de 90 postales sobre la reconstrucción editada por el Ayuntamiento de Barcelona.

Su huella en la ciudad y en la Arquitectura Moderna fueron decisivas porque ya desde los años 50 se intentara tramitar su reconstrucción. Se trataba de uno de los edificios más admirados del Movimiento Moderno, sobre todo a través de sus fotografías en blanco y negro. Así pues, a pesar de su dispersión material, su existencia se complementaba en toda una serie de imágenes muy inspiradoras. Hubo varios intentos de reconstrucción fallidos. En el 1957, Oriol Bohigas escribió a Mies para encargarle el nuevo pabellón. Aunque este aceptó, no se llevó a cabo. Siguieron los intentos, después de la muerte de Mies, en el 1964, 1974, 1978, 1980, 1981, … Hasta que se consiguió el objetivo con el motivo del centenario del nacimiento de mies, el 1986.

Los trabajos se iniciaron el 1983 y el nuevo edificio se inauguraba el 1986, después de 56 años de su ausencia y en su ubicación original. Oriol Bohigas fue quien impulsó la iniciativa e Ignasi de Solà Morales, Cristian Cirici, y Fernando Ramos, fueron arquitectos designados.

Fue financiado por el Ayuntamiento de Barcelona y contó con la participación y el soporte del Colegio de Aparejadores de Barcelona.

 

Construcción de la réplica. ¿Destrucción de un mito?

Aunque en general si estamos de acuerdo en el hecho que se decidiera construir una réplica del pabellón original, hay ciertos aspectos que nos plantean ciertas dudas. Es verdad que con la, llamémosle “reconstrucción”, desapareció el pabellón que todos imaginaban a través de fotografías. La fotografía “estetizaba” la arquitectura y, en cierta manera, se redujo la seducción de aquél instante irrepetible en función de la inmovilidad de la institucionalidad, la traición de la instantaneidad del pabellón, que pasaba de pabellón efímero a monumento fijo.

Nos viene cierta preocupación por el hecho de que le pabellón no devenga, si no lo ha hecho ya, un objeto de consumo cultural más. Un objeto escenario de eventos banales, visitas turísticas sin criterios fiables, todo aquello que desvirtúa las cualidades de esta arquitectura de formas mínimas y efectos máximos.

Para celebrar el 30 aniversario de la construcción del pabellón en versión  1986, la Fundación Mies van der Rohe programó a lo largo del año 2016 toda una serie de actividades, intervenciones artísticas, un ciclo de cine, y un simposio que tubo lugar el mes de octubre. Así mismo, se exhibe desde el pasado 1 de junio, la propuesta ganadora del concurso Columnes Cristal·litzades donde el artista Luís Martínez Santa-María reinterpreta las 8 columnas jónicas que el arquitecto modernista Puig i Cadafalch proyectó y que se situaron delante del pabellón.  Estas columnas recibieron en su momento la aceptación de Mies, que opinaba que ejercían un efecto cortina. Hacían que el pabellón fuera menos perceptible en la distancia, incrementando el efecto sorpresa. Las columnas actuales y las campañas de difusión actuales del pabellón podrían ir justamente en dirección contraria a este efecto de filtro que el arquitecto alababa.  ¿Qué pensaría Mies?

Al mismo tiempo que se reconstruía a la réplica del pabellón de Mies, se empezaba a dudar de la presencia non grata del pabellón del INI (Instituto Nacional de Industria): situado a pocos metros, y que después de que sirviera como a sede de formación para el voluntariado de los Juegos Olímpicos de 1992, se derribó. Se trata de una construcción de 1973 que fue creada con el objetivo de presentar todas las realizaciones industriales del sector público. Se sentenció su desaparición cuando se previó la construcción del pabellón ya desde 1984. Se derribó el año 1993 una vez finalizados los Juegos.

 

Elogio a las sombras y a los reflejos

En la nueva versión de 1986 del pabellón se introdujeron ciertos cambios, dado que el edificio se había pensado para ser provisional y también para la dificultad de encontrar los materiales de la época, como el ónix o la calidad de los grandes vidrios ligeramente fumados de cierro que ya no se fabricaban.

Vidrio, acero y cuatro tipos diferentes de mármol (travertino romano, mármol de los Alpes y mármol verde antiguo de Grecia, y el ónix dorado del Atlas). Finalmente se volvieron a utilizar los mismos materiales y con las mismas procedencias. Materiales que parecían especialmente elegidos por Mies por su capacidad reflectora.

Espectáculo de danza de Toni Mira, el 1 de junio en el pabellón , creado para el acto de inauguración de su 30 Aniversario

Por un lado, se eludía cualquier manifestación ornamental. Por el otro, se emplearon materiales de gran calidad que provocaron ciertos efectos que se podrían considerar ornamentos. Este es precisamente uno de los efectos más mágicos del pabellón, diría que es el gran efecto que revoluciona los sentidos. Hablando ahora de la réplica del pabellón, quizá haríamos un elogio a las sombras y a los reflejos que hemos vivido en esta arquitectura, pero no haríamos, de entrada un elogio a la réplica. Solamente hay un elemento que contrasta con este brillo, abstracción, mínima expresión de la arquitectura y los materiales del pabellón: la escultura de G. Kolbe, el Alba. La descontextualización de la escultura, su monolitismo, su lenguaje figurativo, la textura rugosa, su orientación vertical…. Solo colabora como a objeto reflectivo en lámina de agua del estaño posterior.

En los actos de celebración del 30º aniversario, tanto en los espectáculos de baile, como en las proyecciones de cinema, se pueden percibir todos aquellos efectos potenciados, creando efectos y una estética maravillosa y mágica.

 

Arquitecturas replicantes

Imagen exterior del pabellón del INI en los años 70.

Una réplica es una copia que reproduce un original con una buscada e intencionada exactitud. Normalmente una réplica puede contener propósitos didácticos y de difusión y normalmente el término y su aplicación son más comunes en el mundo estricto de las obras de arte. En el caso que nos encontramos, una obra de arquitectura, también es aplicable el término. No emplearía la palabra reconstrucción por el caso que nos ocupa, sino el término réplica, que trae más implícito el concepto de la copia y cierta sensación siniestra de engaño, de confusión, de realidad ficticia.

Nota del editor

Este artículo fue publicado origináriamente en L’Informatiu número 350 de diciembre de 2016

Sobre el autor

Cristina Arribas

Arquitecta por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, 2001. Urbanista del Departamento de Planeamiento Urbanístico del Ayuntamiento de Badalona. Doctoranda con tesis doctoral en curso sobre imagen turística y paisaje. Más artículos del autor

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